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jueves, 9 de abril de 2009

Lagaan (2001)



Musical. Drama / SINOPSIS: Durante la ocupación inglesa de la India, los habitantes de una pequeña aldea se resisten a pagar el impuesto que los oficiales británicos han doblado. Ante las protestas deciden resolver el conflicto jugando un partido de cricket: si ganan los campesinos, se les exonerará de las tasas.

Multipremiada en su país, fue nominada al Oscar para la mejor película extranjera, además de ganar el Premio del Público en el festival de Locarno.



Una película en la India es algo que en Occidente hoy en día no podemos comprender. Tiene que tocar todos los géneros: drama, aventura, comedia... en este caso hasta tenemos un tópico de deporte y un toque histórico (hace gracia incluso que los doblados sean los hindúes y los subtitulados los ingleses). Además tiene que haber canciones... Algo que difícilmente entendemos a la primera, si no estamos avisados. Más bien se parece al teatro del XVII, pero con un toque Hollywood.¡Bienvenidos a Bollywood! Y ténganse a bien a liberarse de prejuicios y de poder ver una película no occidental sin que sea "intelectual", sino entretenimiento y espectáculo.Una vez allí disfruten de una historia en que los colonizados se muestran moralmente por encima de los colonos. Donde hay héroes y traidores, amigos, valores...

Disfruten de los números musicales si les gusta, en lo particular no me gustan los musicales, (no vi Chicago tampoco Moulin Rouge y no pienso verlas) pero a parte de todo la película es realmente buena.

4 estrellas

Metrópolis (2001)



Titulo: Metropolis
Titulos Alternos: メトロポリス, Robotic Angel
Autor: Osamu Tezuka
Géneros: Drama, Acción, Ciencia Ficción






No soy el único que lo sostiene: a veces, es mejor soñar las películas que verlas. En algún caso, soñarlas es el único modo de verlas (al menos, de momento). Ahí está, por ejemplo, Megalopolis, de Francis Ford Coppola, película tan ambiciosa sobre la construcción (arquitectónica, utópica) del futuro que quizá nunca llegue a hacerse realidad.


Parece ser que Osamu Tezuka, figura clave del manga y el anime, no pudo ver, en su momento, el Metrópolis, de Fritz Lang, pero sí su cartel y, a partir de esa visión epifánica, soñó la película en forma de historieta con madera clásica.Quizá bajo el secreto influjo del fantasma de Tezuka, dos maestros del anime de última generación (o casi) ¿Rintaro y Katsuhiro Otomo¿ se han unido para dotar de realidad y movimiento (para capturar en celuloide, en suma) la película soñada por Tezuka: el resultado es una obra maestra de brillo cegador, en cuya forma dialogan dos tradiciones ¿el clásico diseño de personajes tezukiano y el barroquismo urbanístico high-tech de la magia digital?, a través de una historia compleja y tendente a la ramificación, que quizá a algún espectador parezca caótica sin serlo. Es pura ciencia-ficción adulta ceñida en una asombrosa plasmación formal. La mecánica del caos social en una antiutopía totalitaria y la búsqueda del alma (y del amor y la redención, tríada de tesoros imposibles) por parte de un ser artificial son dos de los grandes temas del género que confluyen en este trabajo imposible y avasallador, donde lo especulativo acaba cediendo el relevo a lo poético.


Un clásico instantáneo que, junto a otros títulos de reciente cosecha (Sen to Chihiro no kamikakushi, de Hayao Miyazaki, Vampire Hunter D: Bloodlust, de Yoshiaki Kawajiri, o Millennium Actress, de Satoshi Kon), demuestra que el anime es una inagotable sinfonía de estéticas, hallazgos y tonos, lejos de esa uniformidad de la que solo podría acusarle un ojo occidental sin educar.>>Para quienes crean en la sólida arquitectura de los sueños. Lo mejor: la lírica y enmudecedora catarsis de destrucción final.

4 estrellas

miércoles, 18 de marzo de 2009

El hijo de la novia (2001)



El hijo de la novia es el segundo largometraje de Juan José Campanella rodado en la Argentina. El primero fue El mismo amor, la misma lluvia, unánimemente consagrado por la crítica aunque a mí –qué voy a hacer– me dejó el sabor amargo de esas producciones que impactan desde lo formal y traicionan, o trampean, en el plano ideológico. La primera media hora de esta nueva película tiende a profundizar esa sensación. Lo que viene después, en cambio, la mejora muchísimo. Ya debo decir que El hijo de la novia es muy superior a El mismo amor, la misma lluvia.
También es más profesional, y esto no sólo abarca las cuestiones puramente técnicas (iluminación, sonido, puesta en escena) sino también las que podríamos denominar técnico-artísticas. El guión, coescrito por Campanella y Fernando Castets, es el fruto de un trabajo minucioso, encarado muy a la estadounidense: cada línea de diálogo, por pequeña que fuere, está puesta al servicio de la estructura general del relato; cada cosa que se dice siempre informa acerca del perfil, las intenciones y las perspectivas de alguno de los personajes.
El problema de la primera media hora es que amontona demasiada información, que gran parte de esa información es redundante y que, al mismo tiempo, está innecesariamente subrayada. Está muy bien que se nos haga saber que Rafael (Ricardo Darín, algo así como "el actor del cine argentino del momento") es un tipo de 42 años, divorciado, padre de una niña, dueño y administrador de un pequeño restorán paquete con el que ha acumulado cierto dinero aunque, también, altísimas dosis de estrés. Uno de esos tipos que le quitan atención a lo importante (su hija, su novia... sus padres) en favor de lo urgente (su negocio). No está mal que, con el mismo fin, a Darín lo veamos interrumpiendo los rituales más nobles de la vida cotidiana, como conversaciones familiares y actos amorosos, para atender a deudores, acreedores y proveedores en su teléfono celular. Pero esto ocurre tantas veces que a uno le entran ganas de increpar al director: "sí, ya entendí que Rafael es un neurótico de aquellos... ¿y ahora qué sigue?". Por otro lado, este estilo machacón degrada el flujo y la verosimilitud de la historia en aras de la evidencia de aquella minuciosa elaboración a la que aludí más arriba. Una de cuyas condiciones debería ser, precisamente, la de pasar inadvertida. No menos irritantes resultan los primeros planos de los interlocutores de Rafael (padre, hija, novia, etc.), que procuran, con idéntica grosería, asumir y reflejar las reacciones del público bienpensante. De la música, mejor ni hablar.
Tarde, pero no tanto, la historia se pone en movimiento. Y no es que depare enormes sorpresas (justamente el planteamiento, por ser tan subrayado, obtura esa posibilidad) sino que se mueve bien. Gana en inteligencia y, especialmente, en humor. Voy a ser más específico: los problemas del comienzo también tenían que ver con que todo giraba en torno de Rafael, a tal punto que el resto de los personajes no eran más que excusas para que se dibujase nítido, ahí en el centro, el protagonista. Pero después empiezan a cobrar vida propia. Y cuando los personajes empiezan a cobrar vida, los actores empiezan a tener la ocasión de emocionar. No estamos hablando de actores del montón, sino de Héctor Alterio (como el padre de Rafael) y de Norma Aleandro (como su madre). Bueno: lo de Alterio es tan extraordinario que llega a salvar, él solito, unos cuantos tramos de la historia.
Hablando de historia, el hilo está dado por la decisión de Nino (Alterio) de darle a Norma (Aleandro) el único gusto que le retaceó: desposarla de punta en blanco, y por iglesia. Téngase en cuenta que estos dos llevan más de 40 años civilmente casados, y que Norma padece una versión muy avanzada del Mal de Alzheimer que la tiene postrada en un geriátrico. Buena parte del humor la tiene por protagonista: Norma no sólo no es consciente de muchas cosas y ha olvidado tantas otras; también carece de inhibiciones, lo que le permite despacharse con las frases más desopilantes del libreto.
La producción del casamiento religioso será el catalizador de la evolución de Rafael, que seguirá siendo el personaje principal, claro que ahora como una pieza más en un conjunto mucho más armónico. En este sentido hay que apuntar la presencia de Eduardo Blanco como ese amigo del secundario –otro catalizador– de Rafael que reaparece cuando menos se lo esperaba, y de Natalia (Natalia Verbeke) y de Sandra (Claudia Fontán) en los respectivos roles de su novia y ex mujer. Con Blanco y Verbeke ocurre lo mismo que con el film todo: insoportables al comienzo (uno por artificioso y payasesco; la otra por pavota), cobran intensidad y sensibilidad hasta tornarse queribles. Fontán, por el contrario, jamás resulta insoportable. Y llega a hacerse más querible que los otros dos.
Pero insisto: el gran salvavidas es el humor. Y el humor, se sabe, lo relativiza todo. Esto es clave porque un argumento como el que nos ocupa no hubiera podido sostenerse si el film se tomaba a sí mismo demasiado en serio (en dicho caso le hubiera cabido el mote de reaccionario que algunos, más que apurados, le adjudicaron de cualquier modo). Por cierto que acá la cosa también viene matizada, ya que hay tantos, pero tantos chistes que no todos podían ser buenos, ni oportunos. Muchos, los que sí lo son, imprimen el empujón definitivo. Esto también lleva su tiempo, pero lo importante es que el film consigue ponerse plenamente en marcha unos cuantos minutos antes del final. Los suficientes como para que nadie deba sentirse arrepentido de haber pagado su entrada.

4 estrellas

lunes, 23 de febrero de 2009

Avalon (2001)



¿Una película "de arte" sobre un juego de realidad virtual? Por extraño que parezca a los amantes del cine artístico, o que pretende serlo, Avalon demuestra que no es necesario abordar temas trascendentes, como la sed de infinito o la inmortalidad del cangrejo, para hacer cine serio. Tal vez en manos de otro director esto resultaría risible, pero cuando el responsable es Mamoru Oshii, el creador de Ghost in the Shell (anime copiado por los hermanos Wachowski en Matrix) se puede esperar algo cuando menos interesante.
El argumento podría ser el de cualquier cinta de acción hollywoodense. En un futuro cercano, donde el pasatiempo favorito de muchos es Avalon, un juego ilegal de guerra virtual, Ash (Malgorzata Foremniak) es una de las mejores. Como ex-integrante del legendario equipo Wizard ya tenía fama de ser una jugadora excepcional, ahora que pelea sola la admiración de los otros practicantes del juego no ha hecho sino aumentar. Sin embargo, existe un problema. En sus más reciente incursiones en el juego Ash ha notado la presencia de un misterioso guerrero que la sigue y que parece retarla, empleando tácticas aún más arriesgadas que las de la mujer.
Tras un encuentro casual con Stunner (Bartek Swiderski), otro antiguo integrante de Wizard, éste le indica que ese guerrero es la clave para acceder al misterioso nivel Clase A Especial, que para muchos es un simple rumor pero que otros creen que es el verdadero objetivo de Avalon. Buscar la clave para entrar a la Clase A Especial conlleva serios peligros. Además de colocar al que lo busca en la nada envidiable posición de ser perseguido por otros equipos ansiosos de encontrar la clave, existe el riesgo de que al buscar este nivel secreto del juego el regreso sea imposible. Hay un grupo considerable de ex-jugadores llamados Unreturned, que fueron incapaces de salir de Avalon y ahora vegetan en hospitales. Mientras combate dentro del juego, Ash se pregunta por los motivos de Stunner para hablarle de la Clase A Especial hasta encontrar la respuesta al enigma del Fantasma y las Nueve Hermanas de Avalon.

Este argumento, que podría ser tan convencional como el de la última superproducción con Arnold Schwarzenegger, le sirve a Mamoru Oshii para contar algo tan alejado del cine de acción que los que esperen emociones fuertes pueden salir decepcionados. Avalon tiene un ritmo lento, donde lo más importante es la forma en que Ash percibe su entorno, que sólo es interrumpido ocasionalmente por secuencias de combate. A pesar de esto, quienes están en mejores condiciones de entender y apreciar lo que Mamoru Oshii intentó en Avalon son precisamente los que gustan de los juegos de video. Para los que no somos tan afectos a pasar horas frente a una consola, esta cinta tiene otros atractivos.
El principal es el aspecto visual de la película. Oshii filmó en Polonia, sacando provecho de la arquitectura europea y de la disposición del ejército polaco para proporcionar soldados, tanques y helicópteros, y a continuación aplicó los más recientes avances de la tecnología CGI para dividir lo que vemos en pantalla en diferentes niveles de realidad. El mundo que Ash habita es tan gris y monótono que es enteramente comprensible que ella busque evadirse en la violenta realidad de Avalon, donde la muerte puede llegar en cualquier momento pero que al menos resulta emocionante. Oshii acentúa la soledad de Ash ubicando al personaje en calles desoladas, donde los habitantes ajenos al juego aparecen como meras sombras. Ash no intenta entrar en contacto con nadie que no sea uno de sus antiguos compañeros y su única oportunidad de mostrar afecto está en el perro con el que comparte su departamento.

La decisión de filmar en Polonia obviamente obedeció a razones presupuestarias. Filmar las batallas en otro país hubiera elevado los costos, pero esta circunstancia mejora la sensación de irrealidad debido a que los actores polacos hablan en su idioma, no en inglés o en japonés para facilitar la exhibición de la cinta. Esto hace que los diálogos reafirmen la otredad de la escenografía y las situaciones, al ser dichos en un idioma que resulta extraño para la gran mayoría de los espectadores.
Avalon no es una cinta que va a satisfacer a todos. A muchos seguramente les molestará que los motivos de los personajes nunca queden claros. A otros les parecerá que el final es anticlimático, aunque hay que aplaudirle al guionista Kazunori Ito la hacer que la historia termine durante un recital en el que intervienen una soprano y una orquesta. Así como hay que darle las gracias a Kenji Kawai por la banda sonora, que también incluye información importante sobre Avalon.
A medida que la popularidad de juegos como Everquest se incrementa y la tecnología nos sigue sorprendiendo, la pesimista visión de Mamoru Oshii nos sirve como advertencia pero también resulta tentadora. Si el futuro que nos espera es una distopía deshumanizada podemos consolarnos pensando que será un festín para los sentidos.

4 estrellas

Kairo (Pulse) (2001)



Si algún realizador se merece el calificativo de excéntrico hoy en día, ese es Kiyoshi Kurosawa. "Kairo", ciertamente, no es una película de "terror" convencional, ni tampoco otra producción que siga el esquema actual de la mayoría de films de terror orientales. Lo que se nos ofrece aquí es una densa dosis de escenas inusuales, de cierto surrealismo, originales, decadentes, sombrías, que progresivamente van acrecentando la contingencia, o despilfarro, del argumento. Una historia que parte de lo concreto hacia lo abierto, lo absoluto, lo ilimitado... Sin embargo, se aleja relativamente del estilo surrealista y a menudo racionalmente inconexo de las obras de Lynch, aunque cuanto más se intente encontrar una coherencia lógica al desarrollo de la historia, más compleja y confusa se nos hará. El ritmo de la narración es también extraño, debido a la mezcla de vacíos sin acción y ramalazos de suspense, ora previsibles, ora súbitos. Se puede considerar "Kairo", en definitiva, como un ejercicio, aunque espeso, curioso, originalmente llamativo (¿pretencioso? no lo sé, no me importa) y dignamente recomendable. Por supuesto, no es una película para evadirse o relajarse tras un duro día de trabajo, ni tampoco posee una historia que entusiasme, pero su visionado, personalmente, me ha fascinado, sensación que se me ha consolidado sobre todo un tiempo después de haberla visto y haber dejado de preguntarme "¿Qué es esto?".

4 estrellas

viernes, 1 de agosto de 2008

Visitor Q (2001)



Comedia de humor negro filmada en video con un presupuesto raquítico, Visitante Q representa una bofetada en el rostro del espectador pero no a manera de insulto. Una bofetada para despertar al que se encuentra adormecido por tanto cine basura y bodrios pseudointelectuales. Una bofetada para recordar que el mundo se mueve sin control más allá de morales, gobernadores, dioses y precauciones. Una bofetada para recordarte que todas las familias son disfuncionales (si también la mía y la tuya y la que algún día vas a tener, olvidar o mutilar).
Salvaje, cruel, violenta, incomprensible, obscena, necrofílica, sádica, maliciosa y… aunque no me lo crean, compasiva. En una palabra: indispensable!!!