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viernes, 8 de julio de 2011

La chica que saltaba a través del tiempo (2006)



Sinopsis: El tiempo del instituto es uno de los más entrañables durante la adolescencia. Para la joven Makoto y sus amigos Chiaki y Kosuke es realmente importante pasarlo bien juntos tanto tiempo como puedan, jugando a béisbol después de clase, ya que los tres están a punto de subir de grado y el año que viene quizás no continúen juntos los estudios. Pero un día, Makoto recibe un peculiar don: la capacidad de ir hacia atrás en el tiempo dando agigantados brincos. Makoto usará esta habilidad para evadir los problemas y alargar la diversión...


Simpática, agradable, graciosa, poética... transmite buen rollo.

El tema de los saltos temporales es algo que aunque no sea muy original, me resulta tremendamente adictivo por eso de poder ver como la protagonista dibuja y desdibuja las pequeñas cosas de su presente alterando sus acciones del pasado. Supongo que todos alguna vez hemos imaginado esa posibilidad por lo que de ahí que empatizase tanto con la protagonista y toda su historia.

Lo que desconocía es que tiende mucho al amorío adolescente, aunque de una forma agradable y un tanto moderada, sin llegarse a exceder. Tiene planos y diálogos muy poéticos y quizás un tanto azucarados, pero plenamente disfrutables para el público adulto y sin llegarse a indigestar en ningún momento.
La animación es excelente y la BSO también es destacable. Siendo un poco exigente, cabe decir que los personajes están bastante estereotipados basándose en el shojo más convencional, aunque es perfectamente perdonable y en cierto modo hasta pueden ser necesarios todos esos clichés para que el engranaje funcione.

El final no me resulta nada convincente y de hecho, me parece mal explicado y sin demasiada razón de ser. No se atan cabos fundamentales y en una película en la que esperas esa explicación final que no te dan de manera que la creas, es un gran fallo de guión y en general, argumental. Pudo ser mucho mejor.

Muy recomendable, sobre todo si en su día disfrutaste con los aparatos delirantes que sacaba Doraemon, 'The Girl Who Leapt Through Time' va un poco en la misma línea de hacer el burro con la realidad cotidiana. Tengo claro que pasará desapercibida, aunque da lo mismo, eso la hará más especial si cabe.

miércoles, 11 de marzo de 2009

El camino de San Diego (2006)



Con Historias mínimas, Carlos Sorín pareció haber encontrado una manera de hacer cine, más allá del tipo de anécdotas que elige contar: Sorín trabaja con no-actores, como él los define, y sus personajes a menudo adquieren las características de las personas que los interpretan. Con El perro (suerte de desprendimiento extendido y acentuado de Historias...) llevó su “método” al siguiente nivel, y tampoco se aparta de él en ésta, su última película. El camino de San Diego es también es una road movie, con un personaje cuyas carencias y/o deseos lo impulsan a una travesía. Pero lo que en las anteriores era hallazgo, aquí comienza a parecer repetición.
A primera vista, la única novedad es el cambio de escenario: la Patagonia ha sido reemplazada por la selva misionera, donde vive Tati Benítez, hachero sin trabajo y fanático de Maradona. Corre el año 2004 y Diego es hospitalizado por una afección cardíaca. Los televisores del país reproducen a toda hora la vigilia de los simpatizantes y fanáticos del futbolista en la puerta de la clínica de la Capital. En esos días, Tati encuentra en la selva misionera una raíz de árbol con una forma extraña, en la que él cree ver un parecido con su ídolo. Y también una suerte de señal del destino, o de mandato del cielo, por lo que se decide a llevar ese pedazo de madera a Buenos Aires para entregársela personalmente.
Hay una serie de preguntas casi filosóficas sobre el sentido de su misión: “¿yo me encontré la ‘estatua’ porque la tenía que encontrar?”, se dice Tati, y consulta con una médium, con sus vecinos, con un cura que encuentra en el viaje, con (otra estatua) el Gauchito Gil. Porque lo largo de la travesía, el protagonista conoce a mucha gente, que viene también con sus pequeñas historias, que alcanzamos a conocer por la mitad.
Con el tiempo, la dirección de las personas/personajes ha sido trabajada por Sorín hasta obtener resultados óptimos: si en Historias... la performance de Javier Lombardo –la única “cara conocida” del elenco– contrastaba con las interpretaciones de los demás, en El perro y El camino... esa brecha entre el naturalismo impostado y la espontaneidad ya está borrada casi por completo. Otra vez, detrás de cada elección de casting hay una simpática anécdota: el cura en verdad es un cura, un distribuidor hace de dueño de estación de servicio, un poeta es aquí vendedor de artículos regionales; hay un productor cinematográfico brasileño devenido alegre camionero carioca, y algunos de los no-actores que participaron de las anteriores dos. Entre tantos hallazgos, Tati Benítez, el protagonista, fotogénico y expresivo, es el mayor de todos.
Pero el “método” del que hablábamos se vuelve un arma de doble filo: a fuerza de repeticiones y de coincidencias, tanto en la elección de género como en la estructura, el planteo de Sorín comienza a resultar esquemático. Asimismo, no puede dejar de advertirse un cierto paternalismo, en particular en la representación de un mundo donde la humildad y la bondad siempre van juntas (sabemos de antemano que Tati no encontrará gente mala en el camino, que no será robado ni estafado ni siquiera al acercarse a Buenos Aires). Una mirada piadosa cuyo peso aumenta al explorar –como aquí se explora– la religiosidad popular, reflejada no sólo en el culto a Diego, sino también en la devoción al Gauchito Gil, cuyo santuario le queda a Tati de camino.
Por ultimo cabe agregar que, así como lograba encontrar una belleza calma en los paisajes desérticos de la Patagonia, el director acierta aquí al retratar la selva misionera sin regodearse nunca en la postal turística. La música, de Nicolás Sorín, resulta también bienvenida.

4 estrellas

jueves, 5 de marzo de 2009

Pequeña miss sunshine (2006)



En su sencillez reside su belleza, muchos dirán que es una película más sobre familia disfuncional vista mil veces, pero Pequeña Miss Sunshine tiene algo más que la hace especial, algo difícil de explicar, pero que te atrapa hasta el final de película. Insisto en que Pequeña Miss Sunshine después de verla te deja una cierta sensación de Deja-vú y que puede que se parezca a muchas películas que hemos visto con anterioridad, pero tiene algo especial que hace que durante toda la duración del film lo pases realmente bien, un rato bastante agradable que con el final y el paso de los minutos es una sensación que aumenta y tras verla creo firmemente que es debido a sus peculiares personajes que conforman la familia Hoover, una madre que lucha porque todo sea perfecto dentro del núcleo familiar, un padre que se dedica a vender métodos de autoayudas siendo un total perdedor, el tío que se intentó suicidar, el hijo adolescente asqueado por lo que le rodea, que tiene como mayor ídolo a Nietzsche y no habla para conseguir su meta, el abuelo que le da a la heroína y mantiene una peculiar y encantadora relación con su nieta, que es la que se presentara al concurso de belleza en un alocado viaje en el que se verán involucrados todos los miembros de la familia. La película resulta muy atractiva estéticamente, con una fotografía muy colorista y una dirección elegante en el debut de la pareja de los noveles directores Jonathan Dayton y Valerie Faris. Los actores que dan vida a todos y cada unos de los miembros de la familia están geniales, destacando por encima el papel de la pequeña Abigail Breslin y un brillante Steve Carrell. Se trata de una película amable, sincera y divertida pero a la vez dura y macabra capaz de pasar de una sonrisa a una carcajada fácilmente, una historia de unos perdedores triunfadores. Una patada en la boca al sueño americano, a las ansias de triunfo y el culto a la belleza, un canto a la normalidad y una película que nos recuerda lo subjetivo que es algo como el éxito o el triunfo.

4 estrellas

lunes, 23 de febrero de 2009

Esto es Inglaterra (2006)


A grandes rasgos, narra el proceso de rápida madurez forzada de Shaun (el magnífico debutante Thomas Turgoose), un niño de 12 años de un pueblecito costero inglés, huérfano de padre fallecido en la guerra de Las Malvinas y que, intentando sentirse aceptado en su entorno, se une a un pequeño grupo de skinheads. Unos skinheads que aún no han perdido el motivo que dio origen a aquel movimiento, la rebelión frente a los poderes fácticos sociales y seguidores de un determinado tipo de mísica y estética. Shaun se siente por fin integrado y feliz a pesar de ser el más pequeño del grupo. Descubrirá la amistad e incluso vivirá su primer amor.Este idílico e incluso simpático inicio, girará bruscamente con el regreso de un antiguo miembro de la banda, recién salido de la cárcel y que llevará a la pandilla del protagonista su resentimiento, su intolerancia y su racismo.
Lo que empieza con un típico viaje hacia la madurez del niño, se convierte en un análisis nada convencional acerca de cómo los jóvenes pierden la inocencia y deben elegir un camino, por duro que este pueda ser o el tiempo que se necesite tomar para hacerlo. Sin descuidar un análisis del cambio social y de la actitud de las clases sociales más desfavorecidas de un país ante la llegada de emigrantes.
Una situación perfectamente comparable a la actualidad que vivimos en España en la actualidad.
Triunfadora entre el público más joven del último Festival Internacional de Cine de Gijón, This is England es una pequeña joya del cine que no debes perdértela.
4 estrellas

La dama del agua (2006)



LA DAMA EN EL AGUA es un maravilloso cuento de hadas que cuando termina te deja la sensación de haber estado en un sueño y no un cine. En lo personal, no tenía esa experiencia desde Despertando a la vida de Richard Linklater y no me puedo olvidar del film de David Linch, El camino a los sueños. Estos tres títulos no tienen nada que ver entre sí pero la sensación que me dejaron como espectador fue la misma. "No sé que diablos fue esto, pero me encantó" La trama es muy bizarra y dudo que los que ya no se bancan a Shyamalan piensen ver esta. Gran error. No esperen un thriller sobrenatural porque no lo van a encontrar. Esto es una historia de fantasía sobre la fe.

4 estrellas

lunes, 4 de agosto de 2008

The Host (2006)



Sinopsis: Los habitantes de Seúl observan sorprendidos un extraño objeto que cuelga de un puente sobre el río Han. En realidad se trata de una monstruosa criatura mutante que al despertar devora a todo aquel que se cruza en su camino. El dueño de un quiosco a la orilla del río contempla horrorizado cómo la bestia rapta a su hija y se la lleva a su escondrijo. Mientras el ejército fracasa una y otra vez en su empeño por destruir al monstruo, aquel hombrecillo anónimo se armará de valor y, con la ayuda de su familia, intentará recuperar a su hija de las garras de semejante abominación.

Adoro el cine coreano probablemente desde Old Boy, he empezado a confiar en mi intuición y también en los sabios consejos de mi listado de amigos. Parece que empiezo a ver la luz...

The Host era la prueba de fuego. Película con monstruo, nada más y nada menos. Hacía ya tiempo que venía ignorando producciones del tipo Gozilla, King Kong y demás. Jamás he visto Tiburón entera. Este tipo de historias nunca me han atraído, como tampoco los grandes efectos especiales de última generación. Esta tenía, además, un handicap añadido, al menos según mis prejuicios: se trataba de la primera película coreana estrenada en las conformistas multisalas del centro comercial de mi pequeña ciudad, cuya inauguración, hará ya unos 5 o 6 años, acarreó el cese de las proyecciones de las que tan discreta pero dignamente se habían encargado hasta entonces y con merecida exclusividad dos de las salas de teatro más envidiadas de la escena valenciana. Y a pesar de que desde entonces mis visitas casi semanales al cine se habían reducido a 1 o 2 por trimestre y de mis recelos, estaba dispuesta a subir esas 4 escaleras mecánicas e incluso tragarme los 14 trailers y las amenazas del tipo “Ahora la ley actúa” de rigor. Pero para entonces, misteriosamente ya había desaparecido de la cartelera. No se cuánto tiempo duró, si acaso una semana o puede que ni eso. Lejos de decepcionarme, este hecho me hizo esbozar una sonrisa de complacencia: para bien o para mal, The Host no era plato de gusto para todos los paladares. El famoso 5,8 no hacía sino confirmar estas sospechas. Así que preparé el camino visionando Memories of Murder y me dispuse a conseguir una copia de The Host por esos medios, para muchos poco ortodoxos, de cuya utilidad - reconozco sin atisbo de arrepentimiento- jamás me he privado...

Como solía decir aquel maestro de instituto, el de filosofía, lo que nos atrae y complace es la reproducción de los esquemas que podemos reconocer, que recordamos. Como esa canción del verano compuesta invariablemente de estrofa-estribillo-estrofa-estribillo (bis), que se renueva cada año ligeramente modificada. Y lo que se sale de estos esquemas, lo que no podemos reconocer y no se ajusta a nuestros arraigados patrones nos desconcierta, nos perturba, nos molesta y finalmente nos desagrada. Nos sentimos timados.

5 estrellas