
El nombre
de Tsuge no será extraño para el lector que ya haya visitado el underground
japonés, y más concretamente la historia de su idiosincrasia. Para quien aún no
se haya adentrado en los recovecos del manga alternativo y tenga interés,
aconsejo leer la columna del Mangazine #4 en la que hablamos de la revista
Garo, cuna de autores como Tsuge o Tatsumi y caldo de cultivo para todo lo que
vino después.
Yoshiharu Tsuge nació en Tokio en el año 1937 y en su obra encontramos temáticas relacionadas con viajes, sueños, vivencias personales y nostalgia. De naturaleza huraña, su vida siempre ha estado a caballo entre la pobreza y la depresión, y por ello se muestra misterioso y escurridizo, al margen de la sociedad. Podríamos decir que es una de esas personas a las que el milagro económico japonés de los años 60 y 70 dejó de lado, aquellos que se quedaron en la cuneta del camino hacia el progreso, como los protagonistas de La chica de al lado.

Si siempre que nombramos un autor mencionamos, además, su
obra más representativa a modo de segundo o tercer apellido, con Tsuge
deberíamos hablar de Nejishiki.
Nejishiki es una historia corta de temática
onírica en la que el autor dibuja uno de sus sueños. Según él mismo cuenta, su
significado no es importante ni responde a nada en particular, pero muchos son
los lectores y teóricos que extraen conclusiones de lo más sugerentes. Este
hecho, sumado a una narrativa delirante y un dibujo tremendamente particular
hacen de Nejishiki un relato de referencia. Un pilar al que
muchos especialistas y autores aluden constantemente.
El relato, de veintidós páginas, apareció por primera vez en
el número de junio de 1968 de la revista mencionada anteriormente. Para Tsuge,
este trabajo fue realizado sin planificación previa, con el único objetivo de
entregar a tiempo el encargo que tenía entre manos.
Como aquello que cuenta, el contexto de Nejishiki no deja de ser particular: lo que originalmente fue creado con una intención meramente alimenticia, podríamos incluso decir que sin pasión alguna, ha acabado siendo un ejemplo magistral de las posibilidades narrativas del medio.

Atendiendo
a las características de su temática, meramente fantasiosa, la narrativa del
relato se desarrolla de manera caótica, accidentada, alejada de la lógica del
tiempo y del espacio, pero funcional. Lo irreal se vuelve real gracias a
su traslación gráfica.
El protagonista de Nejishiki deambula por lo que parece una aldea japonesa de pescadores (lugares familiares para el autor, como podemos ver testimonios y documentos de la época) mientras se desangra, después de que una medusa le seccione una vena del brazo en la playa. Moribundo, el personaje se pierde por los callejones del poblado mientras pide ayuda de manera desesperada. En su camino se encuentra con una serie de personajes estrafalarios y construcciones atípicas en un poblado de pescadores cuya lógica sólo responde a la de los sueños. Incluso el personaje, en un momento dado, llega a darse cuenta de lo extraño que es todo lo que le rodea. Finalmente, el moribundo consigue la ayuda de una ginecóloga que, mediante una extraña intervención de carácter sexual, le instala un tornillo a modo de válvula en la vena seccionada.

Temáticamente, podríamos buscar una explicación a esta
narrativa fragmentada si tenemos en cuenta el contexto que rodeaba al autor
durante su elaboración. No sería muy equivocado decir que su sueño, a través de
la confusión, destila miedo hacia una modernidad que por aquel entonces
amenazaba el aún tradicional modo de vida japonés. También encontramos la
guerra, a través del bombardero que sobrevuela la primera viñeta, el estado de
ruina en el que se encuentra el edificio de la ginecóloga o el acorazado que se
puede ver desde la habitación de la misma. La nostalgia y el deseo de retorno a
la infancia quedan igualmente plasmados con la aparición de ciertos objetos
propios de la vida de un niño o la aparición de una figura maternal. Por
último, nos encontramos ante el gran tabú social del Japón moderno: el sexo.
Esta última constante, por cierto, será la protagonista en
el resto de relatos que recoge este volumen. Una selección de diez historias
cortas que fueron publicadas a lo largo de los años setenta en revistas como
Garo, Custom Comic, Manga Sunday o Yako.
Anteriores todas ellas al material recopilado en los volúmenes del autor
previamente publicados por Gallo Nero.

Hay que
decir que estas diez historias pueden quedar deslucidas a la sombra de la que
da nombre al tomo, pero todas ellas conforman una buena muestra de la época más
experimental del autor, tanto en contenido como en forma. Nos encontramos ante
un Tsuge mucho más personal, y por ello debemos ir sobre aviso: la mente del
autor, a veces, puede ser un lugar desagradable.
En cuanto a
la edición, la editorial vuelve a cumplir con un tomo que transmite calidad.
Tomo en rústica de tamaño kanzenban con encuadernación cosida
y páginas de buen gramaje. La impresión es buena tanto en blanco y negro como
en las páginas a color. Todo un detalle, por cierto, que se incluya un índice
con las fechas y los medios originales de publicación. El diseño interior y
exterior rezuma buen gusto y se nota que la editorial cuida y trata con mimo
sus publicaciones.
Por todo ello, el presente recopilatorio queda especialmente recomendado para los lectores aficionados al trabajo de Tsuge y para aquellos que busquen completar su formación en el manga alternativo visitando una de sus raíces más importantes.
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